Sebastián Barriga: Testimonial de CAS

BarrigaCuando ingresé al Bachillerato Internacional (IB) en grado de candidato del Programa de Diplomado, uno de los componentes que, a priori, encontré más interesantes de analizar, fue CAS: Creatividad, Acción y Servicio. ¿Servirá de algo que obliguen a alumnos a realizar una cierta cantidad de horas de acción social? ¿Cambiará realmente esto su forma de ver el mundo? ¿Serán más generosos y solidarios una vez terminado el Programa? Quizás la respuesta a todas estas preguntas sea negativa, mas por otro lado pienso que no hay otra forma de hacer que un grupo importante de jóvenes, de todas partes del mundo, empiece a sembrar, por mínimo que parezca, semillas de igualdad. Quizás algunos, una vez completadas las 150 horas que se exigen para el Programa, y habiéndolo tomado como una mera obligación, vuelvan a su rutina y no se genere ningún cambio en ellos. Pero mientras una persona cambie, mientras un alumno abra su mente y espíritu a la ayuda social, mientras un joven, común y corriente, se vuelva un activo voluntario en todo lo que signifique ayudar a alguien menos afortunado, entonces el Programa habrá hecho algo por el mundo. Y no es para nada algo mínimo.

Fue entonces, cuando me convencí de que este componente del Programa sería quizás el más valioso del cual podría aprehender durante mi estadía en el colegio, cuando decidí, más que tomarlo como una obligación, realizar actividades sociales de manera entusiasta y decidida. Me inscribí inmediatamente en “Mackay en la Calle”, proyecto creado por alumnos hace muchos años, y que hoy es organizado y financiado por el Centro de Padres. Si bien tuvo su origen en la idea de jóvenes de enseñanza media, uno como alumno de las nuevas generaciones, tiende más bien a verlo como algo que siempre ha estado ahí. Pero esto no es así, y todo partió de la idea de unos pocos. Estoy seguro de que fue muy difícil en el comienzo, pero poco a poco fue tomando más fuerza, hasta consagrarse en lo que es hoy día: El programa CAS que ofrece el colegio, y del cual una gran mayoría del alumnado de segundo a cuarto medio es parte.

Mackay en la Calle” fue el programa CAS que por algún tiempo llenó mi espíritu, mas después mi cuerpo y mi mente fueron pidiéndome que no me estancara simplemente en esta actividad, sino que debía acercarme a otros proyectos sociales, de manera de poder ayudar a la mayor cantidad de gente a salir, aunque fuera por un pequeño momento, de su situación cotidiana de desesperanza y desdicha. Fue entonces cuando, en un fin de semana largo a finales de octubre, tomé la decisión de inscribirme para las construcciones de “MUST” en San Esteban. Al principio estaba un poco nervioso, ya que no tenía conocimiento alguno en esa área, y creía que mi presencia podría ser incluso inútil o un estorbo en estas obras. Pero me atreví a salir de mi casa, me abrí a aprender lo más que pudiera, me entregué por la causa que, ese fin de semana, movió a más de 80 personas: y fue realmente maravilloso. Fue indescriptible mi sensación del deber cumplido, luego de 4 días de arduo trabajo, bastante cansado y con un dedo morado, producto de un martillazo, volví a casa atesorando todo lo que gané y aprendí esos días. Aprovecho la ocasión para invitar a todo aquel que tenga la posibilidad de participar en este tipo de actividades, ya que uno tiene la oportunidad de conocer a la familia para la cual está trabajando, y logra atisbar lo que significará para ellos el tener un nuevo hogar, modesto pero digno.

Luego de esta experiencia, comencé a asistir a los Reforzamientos en la Villa Primavera, también organizados por “MUST”, los que de igual manera fueron llenando mi espíritu y corazón, cada vez con más ansias de poder hacer algo para cambiar el mundo. Sé que debe sonar iluso, pero creo que es lo que todo joven debiese tener como objetivo. ¿Si no nos lo proponemos nosotros, entonces quién lo hará?

“The Student’s Weekly” y “Sueños de Navidad” fueron también actividades que me han gratificado y enriquecido espiritualmente, al estar ahí voluntariamente, velando e intentando ayudar en lo más que pueda. Pero mi experiencia CAS estaba muy lejos de llegar a su fin; es más, aún quedaba algo más grande: “Colmo Sonríe”, un proyecto que comenzó con la idea de un joven idealista, mi compañero Nicolás Vergara, a quien me sumé junto a Diego Arredondo, Fernando Núñez y Pía Guglielmetti, del Saint Margaret’s. El proyecto, que con el apoyo del profesor Juan Alberto Parra, consistió en una jornada recreativa para los alumnos menores de la Escuela Básica Puente Colmo, en Concón. No diré que fue fácil, ya que en el camino hubo varias complicaciones. Pero no hay nada mejor como mirar atrás, y ver que todo ese esfuerzo se tradujo en una actividad que logró hacer sonreír a los niños de la escuela. Con la primera sonrisa que vi en uno de esos pequeños, sentí que todo había valido la pena. No hay forma de explicar lo que se siente el hacer sonreír a un niño, por superficial que esto parezca. Puede que alguien me diga que una sonrisa no cambiará su vida, que no lo sacará de la pobreza o de la miseria, pero déjenme decirles que una sonrisa sí puede hacer la diferencia; una sonrisa, un sueño, una meta: todo es posible si nos lo proponemos. No queda más que agradecer a los más de 70 voluntarios con los que contamos aquel día, algunos de los cuales anónimamente ayudaron en una parte de la organización; al Director de la escuela, Sr. Manuel Chacón, y a los niños que participaron; al Sr. Mark Rosevear y a la Sra. Carolyn Pettersen, rectores de Mackay y Saint Margaret’s respectivamente, por su incondicional apoyo a nuestro proyecto; a los profesores encargados de CAS, Sr. Juan Alberto Parra y Sr. Juan Francisco Rojas, este último del Saint Margaret’s, por sus consejos y ayuda a la hora de organizar la actividad, y por supuesto, a todos aquellos, padres y alumnos, que realizaron generosos aportes monetarios para nuestro proyecto. Y no piensen que esto termina aquí, porque el 2014 no pretendemos abandonar “Colmo Sonríe”, sino que esperamos lograr consagrarlo en ambas instituciones, de manera de que no haya sido un evento solidario aislado, sino que realmente sea un proceso que conlleve a un cambio.

Por último invitar a todo aquel que quiera apoyarnos en este proyecto, que se comunique con cualquiera de nosotros, ya que la idea es siempre seguir creciendo como organización. Recuerden que si hacen algo por alguien, el fracaso no existe. No deben temer arriesgarse a intentarlo, a innovar con sus propios proyectos y a apoyar los antiguos. ¡Cambien su vida, cambien el mundo!

Sebastián Andrés Barriga Vuylsteke, IV Medio “A”